Entre mediados del siglo XVI y mediados del siglo XVII, el continente europeo se sumergió en casi una centuria de cruentos enfrentamientos bélicos. Aunque el detonante inicial fue la fractura de la unidad cristiana a raíz de la Reforma Protestante, este volumen analiza cómo las llamadas guerras de religión ocultaban en realidad un fortísimo trasfondo político, geopolítico y social.
El libro desglosa de manera rigurosa y didáctica estos conflictos, poniendo especial foco en su punto álgido: la guerra de los Treinta Años (1618-1648). Este conflicto acabó internacionalizándose por completo debido a la feroz disputa por la hegemonía continental entre las dos grandes superpotencias de la época, España y Francia, transformando para siempre el mapa y el equilibrio de poder en Europa.
